Anne-France Dautheville y su vuelta al mundo en moto

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ANNE-FRANCE DAUTHEVILLE fue la primera mujer en dar la vuelta al globo subida en una moto; de hecho para ser más exactos se podría afirmar que fue la primera persona que se conozca, poco antes que el muy conocido Ted Simon quien a lomos de su Triumph Tiger de 500 cc. inició en el mismo 1973 su antológico viaje.

A lo que íbamos: conocí de su existencia gracias al bueno de Mauri –buen amigo, compañero y viajero impenitente- quien me hizo llegar una propuesta de crowdfunding a través de la editorial Interfolio, especializada en viajes y viajeros y por cierto muy recomendable. El proyecto consiste en el mecenazgo para la edición y publicación en España del libro “Et j’ai suivi le vent» (Y me llevó el viento) en el que Anne-France rememora una epopeya digna de novela y película, un viaje que comienza en el año 73 y realizado por una sola mujer en un mundo de hombres…y todo esto en una Kawasaki de 100 cc. de color amarillo que la llevó de Canda a Alaska pasando por Japón y la India, Afganistán, Pakistán y un largo etcétera.

Pero vayamos atrás, al germen de esta historia: año 1972, Raid Orión, en ese momento de lo más intrépido y exigente que podía existir; el Paris Dakar ni ha aparecido (habrá que esperar hasta diciembre de 1978). Anne es la única mujer participante que sale desde París (sí hay más pero como pasajeras de otros pilotos) y es una de las únicas 5 féminas que logran llegar hasta Rawalpindi en Pakistán. La cuestión es que durante el trayecto Anne, que conduce una Guzzi de 750 cc., desaparece durante 3 meses y cuando por fin da señales de vida y regresa a la patria decide pasar al papel sus peripecias, de ahí nace su primera publicación “Une demoiselle sur une moto” (Una mujer en moto).

Lejos de tener una buena acogida en los medios del motor (sí la tuvo en lectores), estos comenzaron a extender rumores difamatorios bastante humillantes: que si era lesbiana, ninfómana, que si era una señorita que había abandonado su moto haciendo trampas y viajando plácidamente en otros medios de transporte (sic, eran otros tiempos)…

Anne-France a punto de tomar la salida en el Raid, año 1972

Enrabietada por el desprecio y la desconfianza –muestras de su carácter ya había dado unas cuantas, viniendo como venía de familia burguesa que en absoluto aprobaba su estilo de vida- decide, ahora sí, romper definitivamente con una imposición predestinada a seguir las convenciones sociales para apostar por ver mundo y disfrutar de todos y cada uno de los años que viviera. Y a buena fe que lo cumplió: «A mí, que había recibido una educación estricta, digna del siglo XIX, los viajes me abrieron al horizonte. Volví completamente transformada», dice ella. ¿Cómo reanudar una vida tan estrecha después de haber probado en mar abierto? La joven, antigua alumna de letras en la Sorbona, no se veía a sí misma regresando a la oficina. Su existencia anterior le parece ya muy sosa. Devuelve las llaves de su apartamento de alquiler en Boulogne-Billancourt y comienza al año siguiente -1973-, como un desafío, una gira mundial en solitario a bordo de una pequeño Kawasaki de 100cc: viaja por Canadá, Alaska, Japón, India, Pakistán, Afganistán, Irán, Turquía, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria, Alemania y Francia. De estas rutas nace el libro “Et j’ai suivi le vent» (1975).

En años posteriores y a lomos de diferentes motos para diferentes viajes (BMW 750 para recorrer Australia, Sudamérica a lomos de una Honda 250…) realiza trabajos para diferentes publicaciones: Paris Match, Moto Revue y un buen etc. le ayudan en parte a financiar sus rutas y a transcribir para el recuerdo sus aventuras, de las que siempre guarda buen recuerdo y en las que destaca que el hecho de haber sido mujer siempre le facilitó más las cosas que dificultárselas, afirmación que me lleva a corroborar que algo no estamos haciendo bien en este puñetero mundo más descompensado, saturado y deteriorado. En fin.

Periodista y escritora, recrea su viaje por Australia a través de su primera novela –luego vendrían más- “La piste de l´Or” (La pista del oro), la historia de un investigador del oro, con la que obtiene el premio «Hermes». En 1981, hace un último gran viaje a Sudamérica. Programado para tres meses finalmente se acaba quedando 7.  Pero después del lanzamiento de la historia de este viaje, «The Road of Gold», lo detiene todo. Mitterrand crea la letra de cambio y ya no se puede por aquel entonces sacar más allá de una reducida cantidad en efectivo de Francia.

Más allá de que continuara igualmente realizando viajes pero ya a una escala más modesta, no cabe duda que poniendo en valor su figura como modelo en la igualdad de género, Anne-France es y será un icono de la libertad y la firmeza en alcanzar los sueños que cada uno/a de nosotros/as tenemos.

Espero que el proyecto de Interfolio llegue a buen puerto, ya no sólo por poder leer al castellano sus viajes; aquellos que colaboren en este micro mecenazgo podrán tener acceso al primer encuentro que se celebrará próximamente con Anne-France Dautheville en España.

Me permito por último la licencia de transcribir literalmente una entrevista a Anne-France realizada por los compañer@s de eldiario.es en marzo de este año, no tiene desperdicio:

Un día de 1972, Anne-France Dautheville, francesa nacida en 1944, sintió que necesitaba cambiar el rumbo de su vida. Tenía un buen trabajo, su día a día era cómodo y estable, pero todo cambió cuando descubrió que los viajes eran lo único que la hacían realmente feliz.

Lo dejó todo atrás. Rompió con su vida, eligió una pequeña moto como única compañera y se lanzó a viajar por el mundo. Su valentía le sirvió para ser considerada una de las primeras mujeres que dio la vuelta al mundo en moto y en solitario, una heroína para su tiempo que no recibió más que desalientos por parte de su sociedad. Aun así, Anne-France quiso decidir su propia vida y dar rienda suelta a sus sueños e ilusiones sobre dos ruedas.

Hoy, a punto de cumplir 74 años, esta periodista y escritora retirada sabe que sin quererlo se convirtió en una referencia para las mujeres de su época y, aunque no se considera feminista, es consciente de lo que significó su valentía en aquel momento.

Antes de lanzarse a explorar el mundo tenía una vida cómoda y sin preocupaciones ¿Cómo fue esa revolución interna que le hizo cambiarlo todo?

En aquella época era redactora en una agencia de publicidad, ganaba dinero, me lo pasaba bien y tenía una buena vida, la verdad. Pero cuando mis preocupaciones pasaron a ser el queso, el jabón de la lavadora, los sujetadores o lo que fuera, tras unos años empecé a sentir que mi vida estaba vacía. Me faltaba algo. Compré mi primera moto, una Honda de 50 cc porque no tenía carnet de conducir, y tras la gran huelga general de 1968 viajé a pasar las vacaciones a la Costa Azul. En ese momento descubrí lo que era la felicidad. Así que me saqué el carnet de conducir y compré un par de motos Bultaco de carretera para cada mes de septiembre salir a viajar por las carreteras francesas. Tras varios años fui consciente de que era totalmente feliz un mes al año y solo “un poco feliz” los once restantes. Entonces pensé “Cuando muera solo un doceavo de mi vida habrá sido genial, y el resto habrá sido insignificante ¡Esto hay que cambiarlo”. Esto fue en 1972 y yo tenía 28 años.

Y entonces un día decidió empezar a viajar a lo grande. Seguro que no fue una decisión fácil de tomar. ¿Cómo se lo tomaba la gente en aquel momento?

Pues imagina, me decían que me iban a violar, que me iban a asesinar, que me venderían para formar parte de un harén, etc, etc.

Si hoy en día una chica le dice a su familia que se quiere ir a viajar sola por el mundo la tacharían de loca. Usted lo hizo en los años 70 y en moto ¿Antes se consideraba aún más locura todavía?

Cada vez que uno piensa en hacer cosas que se salen de lo común todos gritan ¡estás loco! El ser humano y los cambios son dos conceptos que se llevan mal y se combinan fatal. Entonces fue aún más loco porque nadie me contó que en el momento en el que saliese de Europa una mujer que viaja sola se convierte en algo casi sagrado, que sería respetado, a quien todo el mundo querría ayudar y se esforzarían por proteger, y eso lo descubrí después. Ser mujer me abrió muchas puertas, todo el mundo me recibía con los brazos abiertos porque al viajar sola entendían que yo confiaba en la gente. Y así era.

Entonces se puso el casco y…

Mi primer viaje fue un rally, el Raid Orion, yo era la única mujer que participaba y las pocas que iban lo hacían como pasajeras de hombres. De ellas, 105 salieron hacia Isfahán, en Irán, y solo llegaron 92, 11 continuaron hasta Kabul y 5 hasta Rawalpindi en Pakistán, y ahí estaba yo. Aprendí dos cosas: hay que elegir una moto que puedas levantar del suelo tú sola cuando se caiga (yo llevaba una Guzzi 750) y que hay que viaja sola. ¡Definitivamente confirmé que soy una persona nada grupal!

¿Siente que su decisión fue de algún modo parte del movimiento feminista de los años 70?

¿Feminista? ¡En absoluto! No me considero feminista. Yo quiero que hombres y mujeres vayan de la mano. Los hombres son criaturas fantásticas y… apuesto que algún día estarán a la altura de las mujeres, pero conseguir la igualdad llevará su tiempo.

Tras ese comienzo empezó a explorar el resto del mundo. ¿Cómo continúa su historia viajera?

Mi viaje alrededor del mundo me llevó de Canadá a Alaska, y de allí a Japón, India, Pakistán, Afganistán, etc. Eso fue en 1973 con una Kawasaki de 100 cc de color amarillo. En 1975 recorrí Australia en una BMW 750 de color negro, y volví en 1978 para hacer una película para la ABC con una BMW 800 naranja. En 1981 recorrí Sudamérica en una Honda 250. Tras aquello François Mitterrand paralizó los grandes viajes en Francia cuando prohibió salir del país con más de 5.000 francos. Hasta entonces había escrito de viajes pero entonces tuve que cambiar y me dediqué a las novelas y al periodismo como freelance. No paré de viajar aunque fuera a pequeña escala, yendo a Escocia, Turquía, y recorriendo Francia al completo, por supuesto.

Hay muchas maneras de viajar pero, ¿siempre viajó en moto o prefirió alguna vez otros medios acompañada de una mochila?

Siempre en moto. Confío en la gente, pero si hay una mínima posibilidad de peligro quiero ser capaz de escapar lo más rápido posible. Además ¡me apasionaba estar en la carretera!

Siempre recordamos las cosas buenas de los viajes pero… ¿no hubo ningún momento en el que pensara “¡Quiero irme a casa ahora mismo!”

¡Nunca! Ni si quiera cuando estaba congelándome de frío en Yugoslavia al final de mi vuelta al mundo ¡jamás!

Seguro que tiene infinitos recuerdos para guardar en la memoria tras todos sus viajes. ¿Hay alguno que destaque como el mejor por encima de todos los demás?

Hay cosas que no puedo borrar de mi mente. Afganistán con el sol desapareciendo en el valle de Bahamian mientras yo lo contemplaba sentada sobre la cabeza del gran Buda. Australia cuando todas las hojas de los árboles volaban con el viento y de pronto descubrí que no eran hojas ¡sino pájaros! Perú, cuando frente a la catedral de Cuzco un hombre plantó su arpa en el suelo, tocó su música y se fue sin ni siquiera mirar a nadie. Y por supuesto aquel lago de agua caliente en Yukón (Canadá), en medio del bosque, donde tomé un baño en plena noche mientras las auroras boreales se dibujaban en el cielo sobre mi cabeza.

Tomar la decisión de emprender un gran viaje es difícil pero a veces volver es incluso más difícil. ¿Me equivoco?

Así es. Cuando volví a Francia estuve furiosa durante tres o cuatro meses, no podía soportar semejante desperdicio de comida y de agua, algo que el resto de gente consideraba normal. Incluso ahora lo sigo pasando mal, no acepto la falta de respeto en la que vive nuestra sociedad.

Una última pregunta para terminar. ¿Cuál sería el consejo más importante que podría darle a esas mujeres que quieren viajar solas hoy en día pero no terminan de lanzarse?

En Turquía el dueño de un hotel me dijo: “Cuando llega una chica extranjera yo sé si viene por sexo, drogas o simplemente buscando la paz”. Ten claras las cosas en tu cabeza. Observa cómo se comportan las mujeres locales, no expongas lo que ellas esconden pero tampoco quieras copiarlas. Eres una mujer extranjera, simplemente muestra tu respeto. Bebe agua embotellada, ante la duda usa pastillas potabilizadoras y come lo que coma la gente local: ¡El mayor asesino en un país caluroso es la comida europea!

No pidas hospitalidad, la gente que te abrirá sus puertas suelen ser los más pobres, compartirán contigo su techo y la poca comida que tengan porque sienten que ese es su deber. Incluso aunque pienses que tú estás arruinada serás diez veces más rica que ellos, y mientras que tú vives, ellos sobreviven como pueden.

Fuentes: eldiario.es, mujeresviajeras.com, lesmotosmythologiques.blogspot.com, verkami.com, wordsonwheels.com

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